Fé y Razón
Dios en su infinita sabiduría dotó al hombre con el maravilloso regalo de la mente, de ahí una de las pruebas de que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios: Que podemos crear y a la vez buscar la verdad. Podemos pensar, acción distintiva e intrínseca del ser humano con respecto al resto de las criaturas.
El Beato Juan Pablo II realizo una excelente síntesis de la relación Fe y Razón en la encíclica del mismo nombre. De tan hermoso documento podemos concluir que la fe y la razón son mutuamente incluyentes, la razón es un don de Dios Padre el cual mueve al hombre al conocerse a sí mismo y a buscar la verdad, mediante la capacidad especulativa propia del genero humano encuentra respuestas a sus interrogantes naturales, y descubre en ellas la verdad, es decir a Dios. En ese momento, comienza el papel de la Fe, que tal como dice el catecismo: “es la respuesta del hombre al Dios que se revela”, ahí es cuando convergen con mayor fuerza la Fe y la Razón en la conciencia humana.
Para tener Fe en Dios es necesario amarlo, y para amarlo es necesario poseer razón para aprender a conocerlo, no se puede amar sino se es capaz de conocer. Para tener razón es necesario ser realista, y no se puede ser realista si no se está abierto al autor de la realidad misma. La Fe aquí empieza a tomar un papel propio, sin caer en supersticiones, implica una apertura del hombre hacia lo desconocido pero que le es familiar, una conexión con Dios, significa la mayor libertad posible: trascender, ser copartícipe de la creación. De allí el sentido de la Fe que mueve montañas.
La razón es la respuesta humana al mundo visible, como la fe lo es a la trascendencia. Ambas no pueden distanciarse, pues el hombre con ellas, aprende tanto a pensar como a creer en Dios, y una vez lograda esa meta a la que estamos llamados, el hombre empieza a ser libre y a participar con Dios en la creación…
Simón Aliendres
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